Oración Domingo Resurrección: Cristo Vive.
Señor Jesús, este es el día que hizo el Señor, el día de la alegría y de la victoria.
En la madrugada del domingo, mientras aún está oscuro, María Magdalena va al sepulcro y encuentra la piedra removida.
Corre donde Pedro y Juan, y ellos también corren al sepulcro.
Juan, el discípulo amado, llega primero, se asoma y ve las sábanas de lino, pero no entra.
Pedro entra y observa también el sudario enrollado aparte.
Ellos aún no comprenden la Escritura: que debías resucitar de entre los muertos.
Luego, Juan ve y cree.
María Magdalena se queda fuera llorando.
Cuando se inclina hacia el sepulcro, ve dos ángeles vestidos de blanco que le preguntan por qué llora.
Ella responde: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”.
Al volverse, te ve a Ti, pero piensa que eres el jardinero.
Tú le dices: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”.
Ella cree que buscas el cuerpo, pero Tú pronuncias su nombre: “¡María!”.
Entonces ella te reconoce y exclama: “¡Rabboni!” (Maestro).
Tú le dices: “No me toques, porque aún no he subido al Padre; ve y diles a mis hermanos que subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios”.
Y María Magdalena va y anuncia a los discípulos: “¡He visto al Señor!”.
Esa misma tarde, los discípulos están con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Tú te apareces en medio de ellos y les dices: “La paz esté con vosotros”.
Les muestras tus manos y tu costado. Ellos se llenan de alegría. Soplas sobre ellos y les dices: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les serán perdonados”.
Pero Tomás, uno de los Doce, no está con ellos, y dice: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en ellas, no creeré”.
Ocho días después, te apareces nuevamente. Tomas está presente.
Tú le dices: “Mete aquí tu dedo y mira mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado; no seas incrédulo, sino creyente”.
Tomás responde: “¡Señor mío y Dios mío!”. Y Tú bendices a los que creen sin haber visto.
Señor resucitado, inunda mi vida con tu paz y tu alegría.
Que mi fe no dependa de señales, sino de tu Palabra. Tú venciste a la muerte; ayúdame a vivir como hijo de la resurrección. Amén.
Enviado por: Dulce María (México).
Oración Domingo Resurrección: Cristo Vive.