Oración a la Virgen María Auxiliadora para pedir auxilio en la prueba que amenaza el hogar.
Virgen María Auxiliadora, tú que llevas ese nombre glorioso porque en Lepanto inclinaste los vientos y las olas a favor de quienes te gritaban “socorro” cuando las naves enemigas parecían invencibles, tú que desde entonces eres el refugio inmediato de los cristianos cuando la tormenta humana azota sus casas y sus sueños, hoy me presento ante ti con las manos vacías y el corazón apretado por esta prueba que no da tregua.
No vengo a pedirte que hagas desaparecer el problema como si nunca hubiera existido.
Vengo a suplicarte tu auxilio concreto y materno en esta situación que amenaza con derrumbar lo que tanto costó construir (aquí describe con total sinceridad y detalle tu realidad: la pérdida del empleo que sostenía la familia, la deuda que crece sin control, la inseguridad que rodea el barrio, el conflicto legal que pone en riesgo el techo propio, la enfermedad que impide trabajar, la división que separa a los hijos, o cualquier otra amenaza externa que hoy te tiene angustiado).
Tú que en Egipto guiaste a la Sagrada Familia por caminos desconocidos y peligrosos, y nunca permitiste que la amenaza de Herodes tocara al Niño, auxíliame ahora a mí que me siento como José: responsable de los míos y sin saber qué rumbo tomar.
Dame tu misma luz práctica: la que abre puertas donde solo hay muros, la que suaviza corazones endurecidos por la indiferencia, la que hace aparecer el pan de cada día cuando las despensas están vacías.
No me des soluciones mágicas; dame tu auxilio activo, ese que mueve montañas pequeñas y grandes cuando un hijo tuyo clama de verdad.
Auxiliadora de los cristianos, tú que permaneciste de pie al pie de la cruz cuando los apóstoles huyeron, enséñame a permanecer de pie en esta hora en que todo parece hundirse.
Fortalece mis brazos para seguir luchando sin rendirme al desaliento.
Abre mi mente para encontrar caminos honestos y dignos de salir adelante.
Y sobre todo, envuelve en tu manto protector a cada miembro de mi familia: que los hijos no sientan el peso del miedo, que el esposo o la esposa no se quiebre bajo la presión, que los ancianos encuentren consuelo y que nadie pierda la esperanza por mi culpa.
Madre que nunca llegas tarde porque tu mirada ya está puesta en la necesidad antes de que la pronunciemos, intercede para que la Providencia se manifieste de manera visible.
Que el trabajo perdido sea reemplazado por uno mejor, que la deuda encuentre alivio inesperado, que la inseguridad se transforme en paz, que la enfermedad ceda ante tu intercesión.
Pero si la prueba debe durar todavía un tiempo para nuestro bien, dame la gracia de vivirla sin amargura, de compartirla sin quejarme y de descubrir en ella la presencia silenciosa pero real de tu Hijo.
Quiero salir de esta tormenta más agradecido y más generoso, como tú saliste de cada peligro más unida al Padre.
Que esta prueba no me cierre el corazón, sino que me haga auxiliar de otros que también sufren.
Que mis hijos aprendan de mí a clamar “María Auxiliadora” con la misma confianza con que los soldados de Lepanto lo hicieron.
Virgen María Auxiliadora, toma esta batalla mía, esta casa mía, esta familia mía y hazlas tuyas.
Sé mi socorro hoy, mañana y siempre, hasta que pueda mirar atrás y decir con lágrimas de gratitud:
“La Auxiliadora no me falló nunca”. Amén.
Enviado por: Sofia Parra (México).
Oración a la Virgen María Auxiliadora para pedir auxilio en la prueba que amenaza el hogar.